Desde dentro hacia fuera

Para crear valor hacia el exterior, primero tenemos que crearlo en nuestro interior. Esto que parece una obviedad no siempre resulta así. Es más, casi siempre estamos de alguna forma intentando reconstruir a los demás, cuando alguna parte de nosotros está rota, y así es muy difícil que las cosas salgan bien.


Hay una frase aparentemente egoísta, y nada más lejos de la realidad, que dice que “la caridad empieza por uno mismo”. Y es así. ¿Cómo pretendes hacer sentir bien a alguien cuando tú no lo estás? En apariencia, hacerlo puede parecer que te hace fuerte, cuando en realidad lo único que ocurre es que cada vez te debilita mucho más, algo que además terminarás sufriendo en silencio con tal de no molestar a nadie.


Para todo se necesita la dosis adecuada, incluida la empatía, porque en muchísimas ocasiones lo único que ocurre es que, por ponernos demasiado en los zapatos del otro, al final terminan por apretarnos los nuestros. Por eso, cuando intentemos contentar a alguien, antes de hacerlo tendremos que pensar en quien sufrirá las consecuencias, aunque ya te adelanto que, casi siempre, seremos nosotros mismos.


Si por cualquier motivo puntual no estás atravesando un buen momento, sentirte mal por no poder ser de utilidad a alguien sólo conseguirá empeorar ese momento, el tuyo, porque para aportar valor a los demás tus necesidades tienen que estar mínimamente cubiertas, y tu estado de ánimo debe ser lo suficientemente estable. Cosas que suelen ir cogidas de la mano.


Tu vida está para que tú la vivas, porque nadie más lo hará por ti por mucho que creas que llegado el momento alguien pueda hacerlo. Eso es algo que sólo te conducirá a un estado de decepción cuando descubras que no es así.


Los objetivos que te marcas en la vida, y los sueños que tienes, no esperaran mucho por ti. Ellos no tienen la suficiente paciencia para esperar a que vayas solucionando las incidencias de los demás, sino que cada día que pasa y no haces nada por alcanzarlos se ocupan en recordarte que has perdido una oportunidad para acercarte a ellos.


Ponerte como prioridad no significa que seas egoísta. Quiere decir que te pones en valor como la persona única que eres y muestras a la vida tu determinación de aprovechar al máximo la única oportunidad que tendrás de disfrutarla. Lo único que es egoísta y temerario es darle continuamente a los demás la opción de que decidan por ti la forma en la que tendrías que hacerlo.


¿Alguna vez has pensado que pasaría si te dedicases a ti el mismo tiempo que le dedicas a los demás? Siempre es buen momento para responder sinceramente a esa pregunta. Cuando lo hagas no olvides añadir la máxima información posible, porque tus respuestas serán las que te permitirán volver a conectarte con tu mejor versión, y con todo aquello que un día soñaste ser y conseguir.


Eleva las expectativas que tienes sobre ti, y haz lo posible por ser cada día un poquito mejor, porque ser una persona de gran valor es la forma más efectiva de hacer algo por los demás.



José Lorenzo Moreno López


©jlml2021





Imagen: unsplash









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