El listado anual de buenas intenciones

Con el nuevo año llegan los nuevos/viejos deseos y propósitos, esos a los que nos agarramos rápidamente, y a la vez terminamos soltando muy pronto.

Soltamos pronto porque fundamentalmente no nos gustan. Es decir, queremos ponernos en marcha, pero no tenemos ganas de hacerlo, ya que no nos importan demasiado. Yo los llamo propósitos de "escaparate", que no son, ni mas ni menos, que un montón de buenas intenciones, que quedan bien en esta época del año, pero de los que nadie se acuerda una vez avanzado el mismo.

En el mundo del liderazgo, a estos propósitos también se les denomina "Objetivos". Es en estos momentos cuando nos preguntamos, o preguntamos a nuestros colaboradores: "¿Que objetivos te marcas para 2020?", "¿Tienes un Plan de Acción para alcanzarlos?", etc, etc... Y antes de nada deberíamos preguntarles y preguntarnos: "¿Tienes/tenemos ganas de afrontar los nuevos retos?".

Suele ocurrir que dichos objetivos son los mismos año tras año, ya que durante el paso de los días no se le da la importancia necesaria, y al año siguiente vuelven a plantearse, tal vez con otro nombre, pero con el mismo contenido. Porque si importante es plantear objetivos y trazar planes de acción, tan importante o mas es el marcarnos fechas para hacer recordatorio de los mismos, ya que no podemos plantearnos la ocurrencia de que por estar colgados en un cuadro con un marco, o apuntados en una agenda, las personas van a ir frecuentemente a consultarlo. Somos nosotros con nuestro ejemplo y nuestro interés, los que seremos capaces de conseguir la implicación de nuestros colaboradores en el mismo.

Otros dirán que se marcaran "hábitos" para alcanzarlos, cuando no saben que un hábito no es mas que una rutina para hacer algo que no les convence para nada, ya que cuando algo tiene nuestro convencimiento, el hábito se desarrolla solo, nunca hay que implantarlo, se implanta de manera natural.

Aunque si realmente queremos conseguir algo, si realmente queremos marcar una diferencia positiva, si queremos generar un valor añadido en nuestro entorno, con nuestro equipo. esto pasa por dar un primer paso, que no es otro que el de saber que tenemos la posibilidad de conseguir y mejorar cualquier cosa que nos propongamos, es decir, debemos tener el convencimiento de que seremos capaces de generar un resultado positivo dentro de nuestro radio de acción.


Todo plan de acción, estrategia o como queramos nombrarle necesita de tres cosas: La voluntad, la constancia, y la perseverancia que estemos dispuestos a derrochar en su consecución.

Si realmente queremos conseguir algo, las ganas están, y entonces el deseo irá acompañado de acción. Si antes hemos definido a donde queremos llegar, esta acción tendrá un sentido, y ese sentido es el que generará el compromiso necesario para continuar día a día trabajando por nuestros objetivos o propósitos.

Hay personas que creen que los que alcanzan sus objetivos es porque han tenido suerte. No saben que tal vez detrás de esa supuesta suerte se encuentran un montón de decisiones tomadas, y de algo mas que el mero hecho de desear el éxito, porque solo con desearlo no va a llegar. Nosotros nos encaminamos al éxito en el mismo momento en el que definimos claramente que es lo que queremos lograr, y le añadimos la voluntad suficiente de querer alcanzarlo. Esa voluntad transformada en motivación es muy importante, sin olvidar que a su vez debemos de alimentarlas con formación, aprendizaje y desarrollo continuo tanto de nuestros colaboradores como el nuestro propio. Ya se sabe que la potencia sin control no sirve de mucho.

Ahora es el momento de ver cuales son nuestros reales propósitos, los que estamos dispuestos a alcanzar, los que generan nuestro verdadero compromiso, dejando atrás a los "propósitos de escaparate" que pintan muy bien pero que están vacíos de contenido, y siempre lo estarán, porque tenerlo escritos y leerlos en un papel no sirve de nada. Lo que sirve es lo que hacemos con ellos y cuando lo hacemos, ya que los propósitos hay que recordarlos continuamente, y no plantearlos ahora y olvidarnos hasta el próximo 31 de diciembre, en el que seguramente tendremos que volver a escribirlos.

Este es el instante perfecto para dar el primer paso, añadir valor y sorprender a los que nos rodean y a nosotros mismos, con las cosas que somos capaces de conseguir cuando vaciemos el escaparate de propósitos y transformemos nuestras buenas intenciones en acciones reales.

Sin duda alguna, ellas serán las que marcaran verdaderas diferencias positivas.

José Lorenzo Moreno López ©jlml2022





Imagen: unsplash

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